Cuando llegué a mi casa, simplemente me tiré en mi cama y allí me quedé el resto del día me dolía la cabeza, no sabía si del catarro o de tanto llorar, también me dolía la tripa, estaba echa una mierda si, y no me desperté hasta el día siguiente a las 5 de la mañana, fueron pasando las horas entre libros y apuntes hasta que por desgracia, llegó el lunes.
Llegué al instituto un par de minutos antes que de costumbre a si que había mucha gente en la puerta, pero como cada día, no me saludó nadie a si que fui directamente a mi clase y me senté.
La mañana se me hizo eterna, en ninguna de las clases de hoy coincidía con Rubén. Por fin sonó el timbre del recreo, salí despacio hacia el patio, ahora mismo no tenía ganas de nada, solo de encerrarme en el baño a llorar, pero estaban ocupados por los fumadores, a si que prefería no entrar en esa nube de humo nada saludable. Cuando llegué al patio ya estaba lleno, todos mis compañeros habían bajado con mucha más prisa las escaleras. No tenía ni hambre, a si que tire mi sandwich a la papelera, y noté una mano en mi espalda y percibí ese olor, que me estaba cambiando la vida.
- Elena, ¿a dónde ibas ayer tan deprisa? No me dió tiempo a despedirme de ti. Joder, encima que habías venido.
- Ah, que te diste cuenta de que me había ido. Es que como estabas tan ocupado hablando con esa chica pues, me fui.
- ¿Qué estás diciendo Elena? Eso es ridículo, es una buena amiga que no veía desde hace tiempo.
- Ya claro, una amiga ¿no? ¿Me ves cara de tonta?
- ¿Está celosa?
- Claro que no, ¿por qué iba a estarlo?
- Mira, mejor dejamos el tema eh.
- Si, mejor. Vete a hablar con esas amiguitas tuyas que nos están mirando, que se ve que te echan de menos.
- Elena ¿pero que estás diciendo? ¿Se puede saber que narices te pasa?
- Que no me pasa nada Rubén joder, déjame en paz.
Noté como se me humedecían los ojos y me di la vuelta. ¿Por qué me había puesto así? Si no somos nada, podía hablar y tontear con todas las amigas que quisiera, era su vida.
Escuché mi nombre muy bajito mientras noté que me cogía la mano y mi corazón empezaba a latir a mil por hora.
- Elena.. Mirame un segundo por favor.
Al girarme vio mis ojos llenos de lágrimas y me abrazó, el sabía que era lo único que necesitaba en ese momento, que me abrazara. Suavemente me apartó de él, me secó una lágrima que caía por mi mejilla y me dio un beso en la cabeza.
Sonó el oportuno timbre que indica el fin del recreo, sonrío y me susurró al oído:
Sonó el oportuno timbre que indica el fin del recreo, sonrío y me susurró al oído:
- Prométeme que me esperas a la salida.
-Te lo prometo-respondí aún con los ojos brillantes.
Me dio un cariñoso beso, sonrío y se dirigió a las escaleras. Estaba empezando a pasar algo entre nosotros, ninguno lo podía negar.
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