martes, 24 de febrero de 2015

Capítulo 33.

Son las nueve de la noche y me encuentro sentado en un bordillo vaso en mano pensando en Elena, me viene a la cabeza la frase de 'bebo para olvidarte y ahora te veo doble', porque es lo que me está pasando hoy, aunque bueno quizás es porque no me afecta apenas el alcohol, realmente, en días como hoy envidio a la gente como mis amigos, que llevan un tiempo ya más para allá que para acá, que pueden olvidarse de todo por un rato. Pero yo, a saber porqué, no puedo, ni puedo dejar de pensar en ella pero claro, ella no está aquí, ella estará bebiendo una enorme taza de café con mucha leche y canela, como le gusta a ella, mientras devora uno de sus libros favoritos. Y yo estoy aquí mirando al cielo vacío, ya que con tanta luz no dejan verse las estrellas intentando aclararme las ideas pero sin sacar nada en claro. Pensé que salir un rato me ayudaría, pero sigo hecho un lío. Realmente me gustaría no tener que pasar por esto, no quiero hacerla daño joder.

Cuando estoy perdido en mis pensamientos veo a una chica a lo lejos, está oscuro, a si que no estoy seguro, pero juraría que es ella. Parece que hoy ni siquiera he acertado con mis predicciones sobre lo que estaba haciendo ella. Ni siquiera pienso en que seguro que no la hará gracia que vaya por mi cuarto vaso, porque no me da tiempo a pensar más antes de que ella misma me confirme lo que me temía, tengo la vista perfectamente.

-¿Se puede saber que haces aquí?- pregunta con una sonrisa, ella siempre tan adorable.- y se agacha para darme un corto y cariñoso beso.
-Pues nada, me he venido con estos un rato- volteo la cabeza hacia mis 'amigos'- pero se estaban poniendo ya un poco tontos a si que me he venido aquí.-

Mientras digo esto ella se percata de mi vaso, arruga la frente y por un momento pienso que me va a regañar, pero solo dice;

-¿Me das un trago?
-Claro, respondo- lo va a necesitar, ambos lo vamos a necesitar cuando me decida de una maldita vez a decirla lo que la tengo que decir.- ¿Y cómo tú por aquí?
-Vengo de casa de una chica de mi clase, teníamos que hacer un trabajo.
-Ah, bien bien.
-¿Todo bien?
-Si, claro.
-Bueno, yo la verdad es que iba ya hacia la parada, que debería ir volviendo a casa.
-Oh, si claro, te acompaño.
-¿No te despides?
-¿Te crees que se van a acordar de algo de esto mañana?
-Vale, como quieras, pero date prisa- y me coge de la mano, intento no estar frío, pero no puedo evitarlo.

Cuando llegamos a la parada del bus, el panel indica que le quedan ocho minutos, creo que se me van a hacer interminables, después de un silencio de al menos dos me animo a comenzar a contarle, lo que le había tenido que decir hace ya algunas semanas.

-Ele..
-Dime- me sonríe, ¿por qué sonríe? me está haciendo esto imposible.
-Que.. a ver, es que no sé como decirte esto, sé que te lo tenía que haber dicho mucho antes, pero.. bueno, mejor voy al grano, déjame hablar de verdad, cuando haya terminado ya me respondes si quieres.- Ella asiente lentamente y abre mucho los ojos, como una niña pequeña asustada, que es lo que probablemente es en ese momento.- Bueno que..Que trasladan a mi padre en agosto a Galicia, a si que nos mudamos toda la familia.

Espero una respuesta, pero ella no responde. Veo como sus ojos empiezan a brillar y luego como pequeñas lágrimas se van abriendo paso por sus mejillas.

-Joder, di algo por favor.
-¿Algo? Rubén no sé que quieres que te diga, ¿desde cuándo sabes esto?
- Desde hace unas semanas, pero no sabía como decírtelo, no quiero perderte de verdad, a mi esto también se me está haciendo durísimo, no quiero separarme de ti Elena, ni dos metros.
-Varias semanas.. pues estupendo oye. ¿Y ahora que quieres que hagamos? ¿que sigamos como si nada? ¿cómo si esto no tuviese fecha de caducidad?
-Ei, nos queda algo de tiempo todavía, ¿vamos a aprovecharlo no?- digo intentando acercarme a ella.
-Lo siento, pero no, no quiero vivir los próximos meses como una cuenta atrás, sabiendo que a cada día que pasa me quedará un día menos para perderte.- dice con la voz nota.
-¿Y por qué no lo intentamos? ni siquiera sé cuánto tiempo voy a estar allí, quizás es solo un curso Elena, joder, podemos al menos darnos una oportunidad.
-Sabes perfectamente que no lo soportaría y tú tampoco, además tú mismo lo has dicho, ni siquiera sabemos cuánto tiempo va a ser, no quiero estar esperándote como una tonta y que luego no vuelvas.

Y después de esa frase, tan oportuno como siempre, el autobús llegó a su parada. Ella se secó las lágrimas que aún la caían por la cara como pudo y se dispuso a subir al maldito autobús. Yo la cogí del brazo (si, puede que recurriese demasiado a esta técnica, pero era la única manera de hacer que me mirara).

-Elena, déjame al menos que te acompañe, es tarde.
-No, Rubén, es mejor así.

Y se subió y me dejo allí, me empezaron a entrar naúseas, y no sabía si era que el alcohol empezaba a hacer efecto en mi cuerpo o era el nudo que tenía en la garganta que impedía al aire pasar. Y como no supe que hacer, empecé a darle golpes a la maldita marquesina, ¿cómo la había dejado ir? ¿ahora qué iba a ser de mi?