Estoy tirada en la cama con la persiana a medio subir a pesar de ser más de las dos de la tarde. Diría que apenas he conciliado el sueño, pero la verdad es que no he podido dormir ni un poco. Tengo los ojos tan hinchados que parecen un par de pelotas de pin pong y el pecho me arde, como si mi corazón estuviese prendiendo fuego a todos nuestros recuerdos, pero no consiguiese acabar con ellos.
Finalmente me decido a levantarme, doy tumbos por el pasillo hasta llegar al cuarto de baño y al mirarme en el espejo casi no me reconozco, es como si hubiesen pasado años, por alguna razón siento que estoy viendo el reflejo de otra persona y no el mío propio.
Vuelvo a mi habitación y reviso una vez más las notificaciones de mi móvil, tengo más de 20 llamadas perdidas de Rubén a las que no he sido capaz de responder, y mientras mantengo la mirada fija en la pantalla él vuelve a intentarlo una vez más. La melodía de mi tono de llamada se torna más angustiosa que nunca y sostengo como puedo el teléfono entre mis manos temblorosas. Aunque lágrimas nublan mi vista observo como su nombre y nuestra foto se iluminan una y otra vez hasta que como no obtiene respuesta cuelga unos segundos más tarde, con lo que me siento aún más vacía si cabe, pero no me siento capaz de escuchar su voz, hoy no.
24 horas sin Elena.
Definitivamente no es buena idea emprender largos viajes de carretera cuando tienes el corazón roto, porque a cada canción te encuentras un poco más abatido, menos cuando llevas a tu hermana pequeña sentada al lado preguntándote una y otra vez qué es lo que te pasa, cuando por nada del mundo quieres responder a esa pregunta, decidlo en voz alta sería como admitir que es definitivo, y una parte de mi quiere creer que no es así.
Mis padres deciden que es hora de parar a repostar y tomar algo, sin embargo tengo el estómago cerrado así que me siento en un bordillo cerca del aparcamiento esperando su regreso. Enciendo un cigarro y lo primero que se me viene a la cabeza es la mirada de reproche de Elena ante tal gesto, luego pienso que quizás ya ni eso la importe. La verdad es que llevaba meses sin fumar, la ansiedad que solía sufrir había desaparecido por completo, pero desde que la tarde anterior ella se marchó, había vuelto y con qué fuerza, sentía que me ahogaba a cada instante. No sabía como iba a aguantar otras cuatro horas más metido en el maldito coche, quizás me estaba volviendo loco de tanto darle vueltas a todo.
Sé que es absurdo, que lo más probable es que si no ha contestado hasta ahora no lo vaya a hacer, pero siento el impulso de volver a intentarlo. Sin embargo obtengo la misma respuesta de siembre, esa frase de su contestador que ya estoy comenzando a odiar, aunque seamos sinceros, si por mí fuera escucharía su dulce voz una y otra vez hasta quedarme dormido cada día. Sacudo la ceniza que se ha acumulado en mi chaqueta intentando aparentar normalidad, aunque estoy seguro de que se me nota a leguas que me falta ella. Doy una última calada más antes de ir en busca de mis padres porque me estoy helando de frío, tiene gracia que justo el día que tengo que estar sin ella haga día de tormenta estando en verano, aunque bueno, a partir de ahora los días pintan bastante grises y esta vez no estoy hablando del típico clima gallego.