Subo las escaleras lo más rápido que puedo, estoy deseando llamar a Sara y contarle todo lo que me tenía preparado Rubén.
Entro en casa y encuentro a mi madre sentada en el sofá, mirando perdida por la ventana, como ida.
- Ya he llegado mamá. - Pero no obtengo respuesta, me da la sensación de que realmente está en una dimensión paralela, porque hasta que no repito mi frase varias veces no reacciona.
-Ah que bien hija, ¿lo habéis pasado bien?
-Sí, ha estado muy bien la verdad. Pero, ¿te encuentras bien?
-Si.. si, solo es que me he parado a pensar, mírate que mayor estás ya y.. Elena siento que me he perdido muchas cosas, que no he estado en los momentos en los que una madre debería estar, siento que me he perdido tantas cosas que ahora vivo en una vida sin sentido.
- Mamá no digas eso, sólo has estado trabajando, ¿eso es por mi bien no?- me siento junto a ella en el sofá.
-Pero cariño,-dice mientras me pasa el pelo que me cae por la frente por detrás de mi oreja derecha, como hacía cuando tenía cuatro años- me he dado cuenta de que me he perdido toda tu infancia y eso no me lo perdonaré nunca.
-Mamá no pienses más en eso, eso ya no tiene solución ¿no? lo importante es que ahora estás aquí, y que yo sepa, esto es estar ahí para tu hija.- la abrazo y siento que está rota, que en realidad no somos tan diferentes, que llevo años odiándola sin molestarme ni un segundo en pensar como se sentía ella.
-Bueno hija, vale ya que me vas a hacer llorar, ¿te apetece un pastelito de esos de Lisboa que tanto te gustan?- dice mientras se levanta y se dirige hacia la cocina.
-Ay si, por favor.- y de repente tengo la necesidad de decirle lo que he sentido mientras la abrazaba.- ¿mamá?
- Dime Elena.
-Yo también siento haberme aislado en mi habitación durante tantos años.-sonríe y entra en la cocina.
...
A las 10:30 de la mañana me despierta el tono llamada del móvil. Me froto los ojos lo más rápido que puedo y leo en la pantalla: Sara y de repente me acuerdo que ayer se me pasó llamarla.
-Buenos días.
-¿Cómo que buenos días? me tienes abandona tía, ¿qué tal ayer? de verdad, que manía tienes de hacerte derogar eh.
-Perdona, es que .. bueno ya te contaré, pero el caso es que cuando llegué a casa se me olvidó llamarte.
-Bueno, pues cuéntamelo ya, que todavía voy a tener que llamarle a él para informarme.
-Voy, voy, si no me has dado tiempo.- y respondo a todas sus preguntas y le cuento la tarde de ayer con todo lujo de detalles hasta que se queda satisfecha.
Cuando cuelgo veo un "buenos días mico" de Rubén al que respondo con un "buenos días moco", y voy a desayunar porque la verdad es que tengo que empezar a preparar ya los finales.
Mientras me hago el desayuno no puedo dejar de pensar en lo mucho que ha cambiado todo, hace un par de meses me parecía inimaginable levantarme con una sonrisa en la cara y ahora, es mi rutina de cada día.
Pita el móvil y es otro whatsapp de Rubén, pero este es mucho más serio, sólo dice : "necesito hablar contigo". Y de pronto toda la felicidad del momento cae al suelo, porque el nunca me habla así, porque no es exactamente la frase de "tenemos que hablar" pero se parece escalofriantemente.