sábado, 8 de febrero de 2014

Capítulo 20.

Estoy en clase de historia, físicamente, porque mi mente está muy lejos de aquí. Han pasado dos semanas desde que le confesé todo a Rubén, no hemos vuelto a hablar desde entonces. He tenido mil veces la tentación de saludarle, aunque fuese mandarle un simple whatsapp, pero no soy capaz, tampoco sabría que decirle, supongo que no queda nada más por decir, ya se lo solté todo aquella tarde. 

Al menos he aprendido una buena lección, ahora comprendo los malos efectos del alcohol, que son aún peores cuando estás de bajón. Que, ojalá no le hubiese dicho nada, le tendría que que haber escuchado, haberle apoyado y abrazado. Pero no, le confesé todo lo que un día me prometí a mi misma que nunca le diría, por lo que pudiese pasar. Desde luego, todo lo malo que podría haber pasado, había pasado, y ya no había vuelta atrás. 

Sin embargo ya no estaba sola, nos habían cambiado de sitio en clase y me habían puesto detrás de una chica que se llama Sara. No nos contamos nuestros problemas, pero cuando estamos juntas no dejamos de reír. Ella es un encanto, una chica muy risueña, siempre parece estar alegre, pero no creo que lo esté. Creo que solo aparenta ser fuerte, aunque se siente rota por dentro, como yo, por eso nos llevamos tan bien.

Suena el timbre que indica que es la hora del recreo, Sara se gira y me pregunta que si la acompaño a la cafetería del instituto, y yo acepto encantada.

Pedimos un refresco cada una y nos sentamos en una de las mesas, la verdad es que más que una cafetería esto parece un bar, tiene su gracia. Entran por la puerta Rubén y sus amigos, le miro y se me corta la respiración, él creo que ni me ve. Se piden unos donuts y se quedan de pie junto a la barra. Rubén mira hacia nuestra mesa, y se produce un momento incómodo de esos , cuando la persona a la que estás mirando te pilla mirándola y no puedes hacer otra cosa que apartar la mirada para simular que no estabas mirando a nada en concreto, aunque no sirve de nada. Sin embargo, a él no parece importarle que me de cuenta que me mira, porque no deja de hacerlo continuamente, yo le miro de reojo para que no lo note, pero es que le echo tanto de menos que soy incapaz de escuchar a Sara y continuar con mi vida, como debería estar haciendo, no puedo evitar mirarle. Están hablando entre ellos y dándose pequeños empujones, a veces parece que son críos de cuatro años, pero el sigue siendo adorable, ¿por qué es tan perfecto? Me obligo a mi misma a centarme en Sara.

Suena el timbre que indica el final del recreo y ellos salen enseguida de la cafetería, Rubén mira hacia nuestra mesa y me sonríe, y aunque solo sea una pequeña sonrisa, ese instante de felicidad me cambia el día.

sábado, 1 de febrero de 2014

Capítulo 13

Ayer me acosté pronto porque no quería darle más vueltas a todo, pero me he levantado igual, tengo la cabeza llena de preguntas y no sé contestar a ninguna. Ayer me puse a mirar fotos de Dani como una tonta y fue como si no le hubiera conocido nunca, o si hubieran pasado un montón de años, como si solamente fuera un conocido, le miraba y cuanto más le miraba más lejano le sentía, y sí, esto me llevo a pensar que él ya era pasado que nada nos unía ya y que no sentía nada por él, aparté la mirada y no pude evitar que un par de gotas comenzaran a caer por mi cara, no sé si dolía o solo le extrañaba, si le quería o le había olvidado, pero estaba claro que no formaba parte de un pasado tan lejano, que algo quedaba y no estaba totalmente olvidado. 'No volveré a enamorarme' me prometí entre sollozos ayer por la noche, aunque sé que no lo cumpliré, que tarde o temprano llegará otra persona que rompa todos mis esquemas o eso espero, que llegue alguien que de verdad vaya a quererme y que no me ilusione y luego se vaya como tantos otros. Supongo que tenía miedo, miedo de no saber lo que sentía realmente y ser vulnerable a cualquier tipo de emoción, a cualquier tipo de desilusión, miré el reloj y llegaba tarde cogí una manzana de la cocina y salí hacia el instituto.

Capítulo 19.

Y estaba allí, sentada en el suelo, rota. Me sentía más sola que nunca, lo había arriesgado todo y lo había perdido. Tenía la sensación de que nadie iba a querer formar parte de mi vida nunca más. Por un motivo o por otro, todo el mundo me acababa sacando de su vida.

Rubén lo había conseguido con una sola mirada, con una sola frase, pero con eso había sido suficiente. Ni siquiera había podido darle una respuesta, pedirle perdón o simplemente decirle cuanto le necesito, debería haberlo hecho, pero no, ese nudo que se me había formado en la garganta no me dejaba expresar mi dolor. Simplemente me he marchado y aquí estoy, solo llevo unos 15 minutos, pero tengo la sensación de que han pasado horas. Rubén llenaba parte del vacío que tenía dentro y ahora, sentía que no me quedaba nada, bueno tenía a mis padres, que seguramente no se alejaban de mi porque eran lazos de sangre los que nos unían, me quieren pero no me entienden, no tengo confianza con ellos. 

En momentos como estos me encantaría tener un hermano, o una hermana mayor que me diera consejos sobre chicos, pero  no. En mi casa no tenía a nadie con quien desahogarme, ni en mi casa ni en ninguna parte. 

Me seco los ojos y veo una chica acercarse desde el fondo de la calle, intento aparentar estar bien, esperando a alguien, pero tengo los ojos demasiado rojos como para disimular que estaba llorando. Esa chica me suena, mucho, es del instituto, de repente caigo, mierda es la novia de Dani. No me puede ver así, me recompongo como puedo, me levanto y escucho mi nombre, ¿por qué se sabe mi nombre? yo ni siquiera recuerdo el suyo.


- ¡Elena! ¿Cómo tú por aquí?


Me giré y la expresión de su cara cambió, sus ojos se volvieron más dulces, parecía una buena chica, por eso Dani estaba con ella, era mil veces mejor que yo.


-¿Elena...?


- Hola... pues ya ves... aquí.


No sé si por instinto o por fingida compasión, me abrazó y luego me miró a los ojos, como intentando descubrir que era lo que me pasaba. Fue un abrazo algo incómodo y extraño, ya que no habíamos intercambiado más de dos palabras nunca. Pero me sentía agradecida, se estaba portando conmigo mucho mejor que Rubén hace tan solo unos minutos.


- Elena... Yo tengo que irme que he quedado con Dani...Bueno, sea lo que sea, tú no le des muchas vueltas eh, que con el tiempo todo se arregla.


-Si... ya, muchas gracias de todas formas.


Y se alejó con su perfecta sonrisa. Era una calle poco transitada, estaba oscura y me sentía protegida, Sin embargo, la temperatura estaba bajando y me estaba quedando destemplada, a si que decidí volver a casa, no me petecía tener más encuentros inesperados.