Tengo la sensación de que el autobús va más despacio que nunca, que no avanza. Creo que hemos pillado todos los semáforos en rojo desde que me he montado en el bus. Tengo el pulso acelerado y me sudan las manos, estoy realmente nerviosa y no sé por qué ¿es normal que lo esté? no debería estarlo ¿no? total no me juego nada.. ¿o quizás si? Me ha dicho que me quiere, pero ¿cómo me quiere? Suena un móvil al fondo del bus y vuelvo a la tierra, me doy cuenta de que me tengo que bajar en la siguiente parada, mierda casi me paso.
Me estoy empezando a poner realmente nerviosa, no debería de haber venido pero, ¿no me voy a ir ahora que ya estoy aquí, no ? Giro a la derecha, cruzo un par de semáforos y no me hace falta dirigirme hacia su portal porque allí está él, sentado en un banco, está solo, quizás esté esperando a alguien, quizás debería darme la vuelta y marcharme antes de llevarme una decepción. Pero mientras me lo pienso el levanta la cabeza y me ve, salta del banco y viene hacia mi, deprisa, emocionado y sonriente, y me abraza, como nunca antes. Yo le rodeo con mis brazos sin fuerza, no sé por qué, pero esto no es como me esperaba, no quiero abrazarle ni quiero que actúe así. De repente tengo un nudo en la garganta, no quiero estar ahí.
Me deshago del enredo de sus brazos y doy dos pasos hacia atrás. ¿Por qué tengo ganas de marcharme en vez de quedarme con él aquí? ¿para eso había venido no? No quería mirarle a los ojos, sentía que no podía, miraba al suelo, él pareció darse cuenta de que algo pasaba, me puso la mano en la barbilla y me obligó a mirarle.
-¿Estabas por aquí por casualidad?
-No, en realidad había venido a verte, pero creo que ha sido un error, a si que será mejor que me vaya.
-¿Por qué? Elena, ¿se puede saber qué te pasa? ¿Vienes a verme y ahora te quieres ir sin más?
-Rubén, no tiene sentido que estemos aquí como si no hubiese pasado nada, me niego, me niego a hacer como que no me has hecho daño.
-Pensé que te habría gustado la llamada, que me habías perdonado.
- Y me ha gustado, si no, no estaría aquí ¿no crees? Por eso y porque soy una ilusa y me ha encantado escuchar ese 'te quiero' ¿sabes? pero cuando me has abrazado me he dado cuenta de que no quiero esto Rubén, no quiero seguir fingiendo que somos amigos y que yo estoy genial así porque no.
-Elena, espera un segundo por favor.
-Que no Rubén, que no quiero que me digas que me quieres por pena, que no quiero que me sonrías así, ni que me mires, ni que me toques. ¿Solo quiero olvidarme de ti vale?- Y eso es todo lo que pude decir antes de que se me quebrara la voz y se me escapase la primera lágrima. Así que me di la vuelta y eché a andar y no quería que viniese detrás como en las películas, ni que me dijese que todo iba a estar bien. Porque yo sabía que él me veía como una amiga y que yo no lo podía soportar por más tiempo. Solo quería meterme en la cama a llorar, otra noche más. Pero él no debía de pensar lo mismo, porque lo hizo, gritó varias veces mi nombre y al ver que yo no me giraba para escucharle no se dió por vencido y echó a correr hasta que me alcanzó, se puso delante de mi para cortarme el paso, me sujetó por los hombros y empezó a hablar.
-Elena, yo.. lo siento joder, yo no quería nada de esto.- Tenia la voz rota y a mi me daba la sensación de que cada palabra que salía de su boca era una punzada directa a mi débil y roto corazón, él no pretendía hacerme daño, pero era demasiado doloroso escucharle.
-Elena, no te vayas, escúchame por favor- me cogió de la muñeca y me sentí obligada a escuchar lo que quería decirme, aunque tenía toda la cara llena de rimel corrido y los ojos rojos y ahora me daba aún más vergüenza mirarle.
-¿Uno no elige de quien se enamora no? supongo que ninguno de los dos tiene la culpa de todo esto. Tú no puedes controlarlo y por lo visto yo no puedo evitar hacerte daño, a si que si necesitas que me aleje solo pídemelo, no quiero seguir siendo la causa por la que lloras cada noche, porque te conozco lo suficiente como para saber que lo haces. Elena, lo siento pero yo no puedo mirarte de otra forma que como a una hermana, me encantaría poder protegerte y que nada te volviese a hacer daño, pero ya que esta vez, el que te ha hecho daño soy yo, me alejaré si es lo que quieres.
Cuando terminó de hablar yo me sentía incapaz de pronunciar una palabra, lloraba a mares y el me miraba esperando una simple respuesta.
-Pérdoname.
Y me marché, así sin más, no pude apenas mirarle a la cara, me dolía en lo más profundo el estar haciéndole daño, pero era lo que realmente necesitaba a si que ahora si que si, me marché, camino a la parada del bus, con mi vida derrumbada a mis pies de nuevo y un dolor dentro, muy dentro que creía que me iba a ahogar.