jueves, 24 de septiembre de 2015

Capítulo 40.

Cierro la puerta con una sonrisa inmensa en la cara, rememorando en mi cabeza cada detalle de las últimas horas que he pasado a su lado. Y me quedo ahí parada hasta que mi madre me sorprende.

-Así que es él eh.
-¿A...a qué te refieres mamá?- pregunto nerviosa.
-Pues a qué va ser, ¿te crees que no me he dado cuenta de cómo te brillan los ojos desde hace unos meses?

De pronto me quedo callada, no me imaginaba para nada que mi madre pudiese conocerme hasta tal punto, de hecho siempre la había tenido como una desconocida, pero por lo visto sabe mucho más de mí que yo misma.

-¿Brillo en lo ojos?- pregunto con una sonrisa en los labios rindiéndome ante lo evidente.
-Sí, cariño, después de lo de Dani estabas tan triste...
-Mamá...-la interrumpo evitando rememorar tan amargos momentos.
-Elena, solo quiero decirte que me alegro, de verdad. Noté que algo en tu vida había cambiado y sólo me ha hecho falta ver con que ojitos le mirabas para darme cuenta.
-Ay Mamá deja de decir esas cosas que voy a acabar roja como un tomate.
-Te mereces ser feliz pequeña, ya has sufrido suficiente.- susurra mi madre mientras me abraza como hace siglos que no lo hacía, y la sonrío como cuando apenas tenía tres años y me parecía la más maravillosa del mundo. Y por primera vez en mucho tiempo, me doy cuenta de que esa mujer que tanto admiraba sigue ahí, de que tal vez yo había construido una barrera invisible entre las dos que nos había hecho distanciarnos.

-Bueno, creo que voy a ponerme a organizar apuntes y eso, porque tengo los finales a la vuelta de la esquina.- me excuso apartándome un poco de ella.
-Claro. Por cierto Elena, es una pena que Rubén se haya quedado tan poco, invítale a comer algún día ¿vale?
-Sí, se lo diré. -respondo y sonrío una última vez antes de dirigirme a mi dormitorio de nuevo.

En ese momento recuerdo que tengo que agradecerle todo esto a una sola persona, así que le escribo un pequeño whatsapp a Bruno.

-Sé que nos conocimos hace menos de 24 horas, pero tu consejo me hizo cambiar completamente de opinión y sí, sigo teniendo miedo de lo que pase en un futuro, pero hoy por hoy soy feliz, y en parte es gracias a ti.

Después comienzo a ordenar el desastre en el que se ha convertido mi habitación tras nuestra batalla de cosquillas y almohadas, y sin duda, es el desastre más bonito que he visto nunca. Siento la necesidad de fotografiar este pequeño momento y lo capturo con la cámara de mi teléfono, después se la envío a Rubén con un pie de página salido de lo más profundo de mi corazón.

-Imagen
Por favor, no dejes de dejar huella en mi vida.

-Estaría loco si lo hiciera, sería un pobre caminante sin rumbo alguno.

Tras leer su mensaje suspiro, sintiéndome segura, al menos por el momento de que todo está bien, decido dejar de pensar en el futuro, dejar de pensar en que pasará cuando el se vaya, que será de nosotros si nos separamos o decidimos seguir juntos pero los caminos de nuestras vidas se separan cada día más. Por primera vez en toda mi vida me obligo a disfrutar del presente, a valorar lo que tengo sin necesidad de que se vaya, porque nunca antes había querido a nadie como le quiero a él ahora y probablemente no querré así a nadie más. Quiero creer que somos dos piezas de un mismo puzzle, que encajamos a la perfección pero tenemos que estar preparadas para cuando nos separen, manteniendo la esperanza de que alguien decida volver a construirlo y quedemos juntos de nuevo.

El día se consume entre apuntes y libros, cuando a última hora de la tarde decido que es hora de tomarse un descanso Bruno responde a mi mensaje.

-No tienes nada que agradecerme, no sabes lo que me alegro de que lo hayáis arreglado. Y no te lo vas a creer, pero ayer cuando te fuiste conocí a la chica más increíble que he visto nunca.
-¿De veras?
-Sí, aún no me creo ni que hablásemos.
-¿Pero qué te llamo la atención?¿Su físico?
-No, para nada. Estaba pintando el parque en su cuaderno, y me quedé como un tonto mirando sus ojos ilusionados, los cortos trazos que daba su mano, incluso cada mechón que era movido por el suave viento que soplaba. Nunca antes me había quedado ensimismado con una chica, pero ella es tan especial.
-Vaya, pues sí que te ha calado.
-Hasta los huesos.
-¿Entonces sabes su nombre?
-Loreto, hasta su nombre me tiene ensimismado.
-Me sé de uno que se va a terminar enamorando.
-No sé, yo no soy de eso.
-Ninguno lo somos, hasta que la persona indicada llega.
-Eso me suena parecido a lo que te dije ayer.
-Sí, me lo dijo un chico que se ha convertido en un buen amigo.
-Fíjate que casualidad que yo ayer se lo comentaba a una buena amiga.
-Sí que casualidad.- sonrío
-Te tengo que dejar, me voy a cenar.
-¡Que aproveche! y gracias otra vez.
-Gracias a ti.

Me parece increíble como una persona en horas puede demostrarte mucho más de lo que la mayoría hace en años, sin duda Bruno ya se había ganado un lugar muy especial en mi vida, lo que aún no sabía es que se iba a convertir en mi mayor apoyo cuando llegasen los días de lluvia.

viernes, 11 de septiembre de 2015

Capítulo 39.

Mientras espero a Rubén hecha un manojo de nervios mis padres me llaman para contarme que se han encontrado a unos amigos que no veían desde hace tiempo y se van a quedar tomando algo con ellos, por lo que llegarán tarde a casa.

Me siento en el sofá del salón, observando impaciente el reloj, deseando que los minutos pasen más deprisa porque estoy deseando que llegue. Cuando después de lo que me parece una eternidad suena el timbre no puedo contener mi emoción y salgo disparada a abrir la puerta. Y ahí está él, tan guapo como siempre, con su infalible sudadera gris y sus vaqueros favoritos, nada más verle me repito a mí misma que esto no puede ser un error si me hace tan feliz y me dejo envolver por sus robustos brazos,  donde por primera vez en el día, siento que es mi sitio. Tras unos minutos abrazados, cojo su mano con delicadeza y le arrastro al interior del piso, cierro la puerta con cuidado y observo cada detalle de su pelo, de su cara, como si necesitase guardar cada milímetro de su cuerpo en mi memoria.

Comienzo caminar hacia mi habitación, él me sigue como si conociese el camino de memoria a pesar de que es la primera vez que le enseño mi pequeño rincón. No sé por qué, pero me pongo algo nerviosa cuando entra la habitación, reparo en las dos muñecas que siguen descansando en la estantería a pesar de que hace años que no uso, y en el poster de aquel grupo que tanto escuchaba cuando tenía doce años y se me pasa la cabeza la idea de que va a pensar que soy una niña pequeña, como si él no me conociese ya de sobra.

No sé muy bien que decir, tengo miedo de decir algo que pueda aumentar las grietas que se han formado en nuestra relación. Mientras intento buscar un posible tema de conversación, Rubén me acerca hacia él con delicadeza, acaricia mi mejilla y me besa como si llevase años queriendo hacerlo, como si realmente lo necesitara, y me doy cuenta de que no hacen falta palabras, que lo que sentimos el uno por el otro, las miradas, las caricias y los besos hablan por si solos.

Nos besamos con más ansia que nunca, como si necesitásemos del otro para respirar, y puede que eso sea un poco exagerado, pero en parte es así. Por un momento dejo la mente en blanco y dejo de pensar, simplemente me dejo llevar hasta tal punto que las prendas de ropa que nos separan parecen un mero estorbo y me abandono en su abrazo, y me enredo en sus besos.

A la mañana siguiente lo primero que veo al despertarme es la melena despeinada de Rubén, y su rostro dormido, que le da un aspecto hasta de ser vulnerable, a pesar de ser una de las personas más fuertes que he conocido. Mi pompa de jabón se explota en cuanto caigo en la cuenta de que mis padres están en casa, porque es domingo, y deseo con todas mis fuerzas que sigan dormidos. No quiero interrumpir el sueño de Rubén, pero tiene que irse antes de que mis padres se percaten de que ha dormido aquí.

Acaricio su mejilla con cuidado y deslizo mis manos hasta su nuca.
-Siempre tienes las manos heladas.-dice mientras sonríe aún con los ojos cerrados y no puedo evitar darle un corto beso en los labios al ver esa faceta suya tan tierna, lo que consigue hacer que abra los ojos.
-Buenos días cielo.- susurro muy sonriente.
-Buenos días princesa. -me dice con la mera intención de picarme.
-Venga, no me vengas con esas, eres un moñas.
-¿Que soy un qué?- pregunta mientras empieza a hacerme cosquillas por todo el cuerpo.- Retira lo dicho- me amenaza dispuesto a seguir con su pequeña tortura.
-Está bien, eres adorable.-confieso.
-¿Ves? mucho mejor.- dice antes de besarme de nuevo.

Consigo zafarme de su abrazo y me visto con la primera camiseta y los primeros pantalones que encuentro.
-Vamos, date prisa, o mis padres van a oírnos.-susurro.
-Está bien, está bien.- se queja mientras remolonea un poco más en la cama y me observa fijamente.
-¿Qué miras?- pregunto algo avergonzada.
-A ti boba.
-Pues no mires tanto que no es de buena educación.
-Tampoco voy a ver nada que no viese ayer ¿no?- me pregunta al tiempo que sonríe con picardía.
-En serio, cállate que nos van oír.- le regaño al tiempo que le tiro un cojín a la cabeza.

Cuando al fin consigo que Rubén se vista, me asomo al pasillo para comprobar que mis padres siguen dormidos, y nos dirigimos hacia la entrada de la casa. Por desgracia mientras Rubén recoge su chaqueta del salón mi madre algo somnolienta aparece por el pasillo.
-Hola Mamá.- digo algo nerviosa ya que no sé como voy a salir de esta.
-Buenos días cariño. ¿Este es?
-Rubén..es Rubén.- digo mientras le miro angustiada.
-Pe...Perdón por molestarlas tan pronto, es que tenía que darle unos apuntes a Elena que ella necesitaba este fin de semana, así que he pensado que cuánto antes los tuviera mejor.-comienza a decir Rubén antes de que yo pueda pensar algo más convincente.
-Oh, no te preocupes si son las diez y media de la mañana, no es tan temprano no te preocupes, yo a estas horas suelo estar levantada de sobra pero ayer trasnochamos y claro, pasa factura. -comienza a contarle mi madre a Rubén mientras el pobre asiente y sonríe tan correcto como siempre.
-Bueno mamá creo que Rubén se tenía que ir ya, que tenía un partido o algo así ¿no?- interrumpo su conversación.
-Sí, si, la verdad es que tendría que irme a buscar la equipación ya.
-¿Seguro que no quieres quedarte a tomar nada?- insiste mi madre.
-No, no de verdad, me tengo que ir ya.- responde él.
-Está bien, pero espero que te quedes otro día.
-Sí, no se preocupe.

Decido sacar a Rubén de la situación incómoda en la que le ha metido mi madre y le acompaño hasta la puerta.
-Creo que ha colado. -susurro mientras le abrazo a modo de despedida.
-Yo también lo creo.-me dice él y se aleja por las escaleras abajo.










viernes, 4 de septiembre de 2015

Capítulo 38.

Rubén.

A la mañana siguiente me duele un poco la cabeza y estoy algo mareado, tengo los nudillos en carne viva y un intenso dolor alojado en mi pecho que me hace pensar en Elena nada más abrir los ojos.
Toda la noche ha sido una sucesión de pesadillas en las que perdía a Elena, de mil formas diferentes cada cuál más confusa. Bueno, eso cuando conseguí dormirme, porque pasé lo que me parecieron mil horas observando el techo de mi habitación intentando encontrar una solución a todo este embrollo. Sin embargo no fui capaz de hacerlo, quizás ella tiene razón y sea mejor dejarlo así antes de que vaya a más y luego nos haga más daño, sinceramente no sé que estoy diciendo, ni de que me estoy intentando convencer,  si estoy seguro que no me puede doler más de lo que duele ahora.

Quiero hacerla cambiar de opinión, me muero de ganas de salir ahí a buscarla, y convencerla de que todo va a salir bien, pero no la puedo prometer eso, porque ni yo tengo idea de cómo podría salir. "Las relaciones a distancia nunca funcionan" me repite mi cabeza una y otra vez, y a pesar de que intento no hacerla caso y seguir creyendo que esta vez puede salir bien, está empezando a hacer mella en mí.

Finalmente decido que no pierdo nada por intentar hablar con ella, por lo que tras varios minutos observando su última conexión y su foto de perfil en la que aún salimos juntos, comienzo a escribir. Comienzo y borro el mensaje varias veces ya que no me convence, no consigo encontrar las palabras adecuadas, ¿hay palabras adecuadas? Tras intentarlo unas veinte veces me rindo y tiro el móvil a la cama, prometiéndome a mí mismo que esta noche tendré más valor y la escribiré.

Elena.

Tras hablar un largo rato con Bruno, le pido que se disculpe por mí a Iván, que le diga que me encontraba mal, porque realmente necesito irme a casa a pensar. Busco en google la boca de metro más cercana y me dirijo a ella, tras algo más de veinte minutos estoy en casa, completamente sola, ya que mis padres aún no han vuelto de la comida y tengo la sensación de que las paredes se me vienen encima, de pronto me siento tremendamente sola y asustada, como una niña pequeña. Me acurruco en mi cama intentando no volver a llorar, pero no lo consigo. Nunca me había dolido tanto perder a alguien, hasta noto una presión extraña en el pecho, como si Rubén hubiese dejado un vacío, pero es imposible sentir dolor físico por la pérdida de alguien ¿no?, desde luego hasta ayer lo habría afirmado.

Cuanto más pienso en las palabras de Bruno menos convencida estoy de que la decisión que tome ayer fuera la correcta, ¿de verdad voy a renunciar a aprovechar cada segundo de los próximos tres meses para estar con él simplemente porque no encontraba la manera de decirme que se iba?

Cuando estoy apunto de perder el norte de tanto darle vueltas una y otra vez a la misma pregunta me sorprende el sonido característico del Whatsapp, lo primero que pienso es que no me apetece hablar con nadie, pero luego se me pasa por la cabeza la idea de que podría ser Rubén, hasta ese momento no me había dado cuenta de que era lo que llevaba esperando todo el día, así que me levanto de la cama lo más rápido que puedo y me abalanzo sobre mi pequeño bolso en busca de mi teléfono. Consigo desbloquear la pantalla al tercer intento ya que estoy tan nerviosa que me tiemblan las manos y me invento el patrón. Deslizo con cuidado la barra superior y se me salta una lágrima al comprobar que el Whatsapp que acabo de recibir si es de él.

-Ele, sé que probablemente no quieras saber nada de mí, pero te echo tanto de menos que este extraño dolor en el pecho me esta matando y bueno, sé que suena estúpido, pero creo que lo que duele es el vacío que has dejado. O quizás solo me estoy volviendo loco de darle tantas vueltas a todo, pero de lo que estoy seguro es de que te necesito, más de lo que nunca he necesitado a nadie.

Cuando termino de leer el mensaje soy un auténtico mar de lágrimas, de pronto me dan igual las consecuencias, mis miedos, y lo único que quiero es refugiarme entre sus brazos y que me diga que todo va a estar bien.

-Cielo, la verdad es que no creo que estés loco, y si lo estás yo debo estarlo también, porque me lleva pasando todo el día exactamente lo mismo. Estoy segura de que acabaré arrepintiéndome de esto, pero ahora me da igual, creo que ya no sé estar sin ti.

-Dime que puedo ir ahora mismo hasta tu casa para abrazarte.

-Es justo lo que necesito en este momento.

-Pues.. sé que te gustaría que me teletransportase o que fuese tan rápido como Flash, pero sigo siendo un humano corriente así que calculo que en unos treinta y cinco minutos estoy en tu casa si el metro está de nuestra parte.

-¿De verdad vas a venir? son casi las diez de la noche.

-¿Lo dudabas a caso? te prometí que donde fuera, cuando fuera y por lo que fuera estaría ahí y este es un buen momento para demostrarlo.

-Te quiero.- Es lo último que escribo antes de tirar el móvil sobre la cama y sonreír como una tonta. Me siento cómo una suicida al borde de un precipicio, pero caer al vacío no me parece tan mala opción si es con él.