Dos calles más allá...
Rubén está sentado en la cama, ahí lleva desde que se ha despertado, se encuentra mal, pero no sabe que le duele más si la cabeza o el alma. Que cualquiera diría que se ha enamorado, pero que para una vez que se enamora que mal le ha salido eh. Coge el móvil y mira el twitter va a el usuario de Natalia, no puede parar de mirar sus fotos una y otra vez, se conoce todas de memoria, pero tiene una sonrisa tan bonita. La echa muchísimo de menos y odia eternamente la distancia, aunque sabe que la distancia no es el único obstáculo, para ella solo ha sido un ligue más de los muchos de esa lista. Como antes eran todas para él, pero con ella era diferente, no sabía por qué, pero la quería.
Si hoy se ha levantado tan mal es porque ayer habló con ella y no le pudo quedar más claro que a ella no le importaba lo más mínimo, que no quería pasarse el año esperando a un tío que vivía a la otra punta del país y por el que no siente nada. Rubén se reventó los nudillos contra la pared de casa, no quería llorar, no es de hombres fuertes dicen, pero después de un rato no lo pudo evitar. La idea de que posiblemente no la fuera a volver a ver le hacía pedazos, le dejaba roto.
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