sábado, 13 de junio de 2015

Capítulo 34.

Elena.

Me he sentado al final del autobús, apenas hay dos o tres personas en todo el vehículo y están situados al inicio de este, por lo que me encuentro sola. Miro por la ventana la ciudad iluminada por las numerosas farolas y luces que encontramos a nuestro paso, intento distraerme, pero por más que pretendo calmarme no consigo parar las lágrimas que invaden mis mejillas. Se me pasa por la cabeza la idea de que quizá he sido demasiado dura, tal vez Rubén tiene razón y sólo estuviésemos distanciados un año, y está claro que podríamos mantener el contacto, pero si soy realista eso me suena utópico. No somos ese tipo de pareja, nos somos de hablar horas y horas a través de la pantalla, somos de estar cerca el uno del otro y Galicia queda demasiado lejos.

Me duele tanto el pecho que creo que en cualquier momento me va a ser imposible respirar, al igual que se me van a hacer imposible los escasos días que quedan de curso, y no voy a engañarme, aún más difíciles van a ser los meses de verano sin verle, y quizás sin saber nada de él.

No puedo evitar pensar en los días después de que todo acabase con Dani, casi me entra la risa al comparar como me sentía entonces y como me siento ahora, aquello era semejante a unas cosquillas, sin embargo ahora siento que me desgarro por dentro, hasta romperse es menos doloroso.

Cambio de estado de humor cada dos minutos, ahora tengo ganas de volver a buscar a Rubén y gritarle hasta quedarme sin voz, porque tendría que habérmelo contado hace mucho tiempo, por irse, por dejarme aquí sola, pero sobre todo por este vacío que me ha dejado. Aunque sé que probablemente eso tampoco me ayudaría nada. Y a los pocos segundos tengo ganas de volver con el y refugiarme entre sus brazos mientras aunque sabemos que es imposible, nos prometemos que todo saldrá bien, que estaremos bien. Pero esa idea finalmente tampoco me convence.

El autobús se detiene y me saca de mis pensamientos, solo quedo yo en él y el autobusero me informa de que hemos llegado al final de la línea, decido bajarme y volver andando ya que me he pasado dos o tres paradas de lo despistada que iba.

Al llegar a casa decido darme una ducha de agua caliente con mi música favorita de fondo, ya que cómo no, mis padres no están en casa. Ya más tranquila me preparo algo de cena y me siento frente al televisor para ver si echan algo interesante esta noche, reviso el móvil para ver si Rubén me ha llamado, pero sin embargo no lo ha hecho, tampoco me ha mandado ningún mensaje, supongo que así es mejor. Sin embargo tengo un whatsapp de un número no guardado en mis contactos, nada más leerlo sé exactamente a quién pertenece el número.

-Me dijiste que me llamarías, y como veo que se te había pasado, he decidido hablarte yo. ¿Que tal estás Elena?

Sin duda se trataba de Iván, el día en el que fui a cenar con mis amigas al local dónde casualmente trabajaba el de camarero me había dado su teléfono apuntado en una servilleta, sin embargo no me había vuelto a acordar de él. Pero, ¿cómo demonios había conseguido Iván mi número?

No hay comentarios:

Publicar un comentario