jueves, 3 de octubre de 2013

Capítulo 8.

Hace un día soleado, lo que es un poco raro para estas alturas del año. Me he levantado algo pronto para ser sábado, pero no podía dornir más, tengo muchas ganas de ir a Rubén, me hace bastante ilusión la verdad, ya que desde hace tiempo no tengo planes, si es un partido de fútbol, pero al menos salgo de casa y veo a la única persona a la que parece que sigo cayendole bien.
Abro el armario y no tengo ni idea de que ponerme, no creo que nadie se vaya q fijar en mi a si que escojo una sudadera azul con la bandera de reino unido, unos vaqueros claros y mis converse azules, me pondré un pañuelo al cuello para no cojer frío, si, soy rara, no me gusta llevar abrigo, me parece que no me queda ninguno demasiado bien. Además con la sudadera ya voy suficientemente abrigada para mi gusto.
Me pongo un poco de rimel en los ojos y salgo de casa. Voy con tiempo de sobra, pero mejor, cuando una depende del autobús nunca sabe si va a llegar bien. Para que negarlo, la verdad es que iba bastante contenta hacia el partido, de repente se me habían pasado todas mis penas, no sabía que tenía este chico, pero me hacía feliz.

Bajé del autobús y busqué el campo de fútbol, lo encontré rápido. Entré los jugadores ya estaban terminando su entrenamiento previo al partido, me senté en un escalón de aquella fría grada, parecía ser un partido importante, estaba bastante lleno para ser un partido de adolescentes. Me quedé observándole desde ahí arriba, levantó la vista y me sonrió, o eso supongo, porque no había demasiada gente a mi alrededor. Esa sonrisa, podía conmigo, no pude evitar que se me escapara una sonrisa. El partido fue bastante limpio, no hubo demasiadas zancadillas, ni golpes, finalmente ganó el equipo de Rubén y yo lo celebré como si llevara siguiendo la trayectoria de ese equipo toda mi vida.

El estadio se fue vaciando y yo me quedé esperando a que saliera el equipo del vestuario para darle la enorabuena a Rubén. Tan sólo quedaba una chica de mi edad un par de metros más allá, me sonaba del instituto pero como os podreis imaginar era una de esas chicas despampanantes que no se dignarian en la vida a hablar con una chica como yo.
La espera se hizo un poco larga, finalmente salió Rubén,  le dio dos besos a esta chica, creo que se llamaba Sara. No se muy bien de que hablaban, pero no paraban de sonreirse, estaban muy cerca y si, me puse celosa, no quería seguir viendo eso a si que salí de allí sin más.

No hay comentarios:

Publicar un comentario