Estamos en primavera, pero a mi la calle me parecía helada, igual era la sangre la que se me había quedado helada después de ese último 'perdóname'. Mi cabeza era un revuelto de ideas, no sabía si me arrepentía de haberme marchado o si de verdad necesitaba olvidarle y prefería que no me hablase. Si me estaba comportando como una niña pequeña o había tomado la actitud madura de pasar página y dejar lo malo atrás. Lo único que tenía claro es que volvía a estar tan rota como antes, o más si cabe. Ya ni intentaba frenar las lágrimas que me empapaban completamente la cara, tenía que parecer un cuadro, pero sinceramente, no me importaba lo más mínimo.
Iba yo así, con todos estos pensamientos en la cabeza, cuando levanté la mirada hacia el fondo de la calle y vi a Dani, con su novia. -Oh genial- pensé. Era realmente lo que me faltaba ,que me vieran en estas condiciones, pero de aquí a donde estaban ellos no había ningún cruce de calles a si que sin pensármelo dos veces salté un muro que tenía a mi derecha, pero como no soy precisamente la más buena de la clase en educación física caí al suelo de rodillas y me hice bastante daño, pero era preferible a que me vieran.
Aterricé en una urbanización de casas, era enorme y me costó bastante encontrar la salida. Había dado tantas vueltas dentro de ella que me había desorientado completamente, y, como este no es mi barrio, no tenía ni la más ligera idea de a dónde había ido a parar. ¿Y ahora qué hacía? si es que a estúpida no me ganaba nadie. Mi vida si que era una tragicomedia, no la de Calisto y Melibea.
Decidí ir calle arriba y buscar un cartel que indicase el nombre de la calle, desafortunadamente era una zona nueva y no estaba registrada en google maps. A si que, ahora si que sí, estaba completamente perdida. Y aunque no fuera lo que más me apetecía en el mundo, no me quedaba otra que pedirle a Rubén que me viniese a recoger. Busqué en la agenda del móvil su teléfono y le di al iconito verde de llamar sin pensármelo mucho más.
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