-¿Qué pasa?- No sabría describir como era su voz, entre sorpresa y enfado, entre tristeza y alegría. No sabía si contestar, aún estaba a tiempo de decir que había sido sin querer ¿no? pero, pensándolo bien me podía tirar toda la tarde dando vueltas a la manzana sin encontrar mi parada de autobús, así que decidí reunir todas mis fuerzas y contestarle.
- Ehh.. ¿Rubén? Sé que no es el mejor momento para llamarte, pero es que me han pasado varias cosas y me he perdido y no sé donde estoy y..
- ¿Qué? ¿pero se puede saber dónde estás? ¿no te habías ido a tu casa?
- Ay, es que..-me muero de vergüenza pero al fin me decido a contestar, total, hoy ya he hecho el ridículo- es que iba hacia mi casa y he visto a Dani y no quería que me viese llorando asíque me he metido en una urbanización y ahora estoy varias calles más allá y no me ubico.
- Madre mia, que chica.-oigo como se ríe.
- Bueno, ¿me vas a ayudar o me voy a tener que quedar a dormir aquí?
- ¿Tendrá nombre la calle o algo no?
- Si, calle Oreina o algo así.
- Vale, no está muy lejos de mi casa, en diez minutos estoy allí ¿vale?
Tenía un nudo en la garganta, últimamente me pasaba demasiado, un día de estos moriría ahogada, pero podía pasar eso por alto por ahora, tenía otras cosas por las que preocuparme. ¿Qué le iba a decir a Rubén cuando llegara? Y por si fuera poco entre la llorera y que se acercaban la última hora de la tarde, tenía la cabeza que me iba a explotar y no podía pensar. A si que me senté en la acera a esperar a que llegara Rubén.
La calle no era muy frecuentada, solo había un par de señoras sentadas en un banco al fondo de la calle. Me puse a revisar mis redes sociales, cuando un perro blanco y pequeño vino a olerme. La verdad es que me encantan los perros, pero me sorprendió que hubiese llegado hasta mi sin yo darme cuenta. Y tras él corría su dueño intentando alcanzarle. Cogí al perro en brazos que al parecer se llamaba Tovi y me puse de pie para entregárselo a su dueño, este me dedicó su mejor sonrisa. Tenía unos ojos enormes, marrones, de los que normalmente no llaman la atención, sin embargo esos son mis preferidos. Se presentó, me dijo que se llamaba Iván, se despidió con dos besos- cosa que me pareció muy extraña- y continuó paseando a su perro.
En ese momento Rubén apareció, con cara inexpresiva, como si el fuese de piedra y noté como la garganta se me secaba de nuevo y el nudo de siempre amenazaba con no dejarme hablar con facilidad. Con una mirada incómoda hacia el suelo me acerqué a él.
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