Y poco a poco, las semanas fueron pasando y llegamos a finales de mayo, los estudiantes suelen odiar estas fechas, ya que son los exámenes finales, yo también, pero no por eso, que también, pero mi mayor problema es que el día 28 es mi cumpleaños y no, no me gusta que se acerque. Estoy a punto de cumplir 17 a si que no es lo de hacerme vieja lo que me preocupa, tampoco el aumento de responsabilidades, simplemente es que odio lo que viene a ser el día de mi cumpleaños, porque soy muy, muy vergonzosa y lo de que todo el mundo me abrace y me felicite no es lo que más me gusta, pero por si eso no fuera suficientemente malo es que a Sara le encantan los cumpleaños, y le encanta que sea mi cumpleaños, por lo que ha organizado un súper plan de cena con el resto de las chicas de clase y sin Rubén, no deja de recalcar eso porque dice que necesito desentoxicación de él o no se qué. Puede que el plan no sea tan siniestro, solo es una cena, pero la simple idea de que me canten el cumpleaños delante de gente me hace ponerme como un tomate, a si que tengo miedo, porque Sara está muy loca y cuando se junta con Paula aún más, pero bueno, yo las quiero.
Cuando llegamos al local la verdad es que me llevé una grata sorpresa, ya que estaba decorado con el estilo vintage que a mi tanto me gusta, se acercó una camarera y nos llevó a nuestra mesa, yo seguía echándole un vistazo a todas las fotos que había colgadas por las paredes, la mayoría eran de Italia, y ya que me encanta me quedé embobada observándolas y no me di cuenta de que se había acercado un camarero a la mesa.
-¿Y usted señorita?
- Eh, ¿perdón? estaba distraída
- ¿Qué va a tomar usted de beber?
- Una coca-cola
No sé ni cómo me salió la palabra coca-cola, no me podía creer que Iván trabajase justo en el restaurante al que había ido a celebrar mi cumpleaños. Cuando volvió a dejar las bebidas lo pude comprobar, era él, el chico del perrito del día que me perdí después de discutir con Rubén y él por lo visto también me había reconocido.
Cenamos tranquilamente y nos echamos unas cuántas risas durante nuestra larga sobremesa.
- Bueno chicas, ¿nos vamos ya?- dijo Sara
- Un segundo que voy al baño, que ya me han bajado las coca-colas jajaja
- Bueno, venga pero no tardes eh, te esperamos fuera.
- Que si, que no tardo nada.
Y al salir del baño , al girar la esquina para ir hacia el comedor y salir a la calle, pum, Iván.
- Uy perdona Elena, no te había visto- Estaba sorprendida de que siguiese acordándose de mi nombre, pero decidí no darle mayor importancia.
- Pues menos mal que no llevabas bandeja, porque si no hubiese pasado lo típico y me hubieses dejado perdida.
- Si, menos mal.
- Bueno Iván me alegro de verte, me voy ya que me están esperando fuera.
- Claro, a ver si nos vemos otro rato eh.
- Si claro, bueno adiós.
- Hey Elena.
-¿Qué?
- Que no tengo tu móvil a si que no sé como vamos a quedar.
- Bueno, nadie a dicho nada de quedar ¿no?- Coge una servilleta de la mesa de al lado y escribe su móvil con un boli, después sonríe y me lo da.
- Vale, pues ya lo tengo, ya te llamo un día de estos.
- Pero llámame eh, promételo.
- Jajaja, pero que listo eres eh, yo nunca prometo nada.
Y me alejé más rápido de lo normal, no le di ni opción a contestar porque a saber con qué me salía esta vez.
- Elena tía menos mal que no ibas a tardar nada eh.
- Es que había cola, ya sabes como están los baños de mujeres siempre.
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