-Si bueno, lo típico de la primavera ¿no?- dice Sara con una gran sonrisa mirando detrás de mi.
- Si quieres yo te dejo mi chaqueta..
Era él, no se por qué pero me hizo completamente feliz que Rubén estuviese aquí y no veía sólo, estaba con todos sus amigos, tenía pinta de que íbamos a pasar un buen rato. No pude evitar besarle en cuánto me giré y nuestras caras quedaron enfrentadas, y como no me suelo pintar los labios, no me acordé de que el labial manchaba.
-Ay cielo, te he dejado perdido.
- No importa tonta, así llevo tu marca.
-¿Mi marca? anda que no eres cursi ni nada.
-¿Bueno y ahora a dónde vamos?- suelta Sara a la vez que coge del brazo a uno de los amigos de Rubén.
- Vosotros no sé, pero Elena y yo nos vamos a dar una vuelta. - contesta Rubén.
- ¿Ah si?- digo yo totalmente perdida en la conversación.
- Pues claro, no te voy a hacer aguantar a estos pelmas- me dice con una sonrisa.
- Eh tío un poco de respeto hombre jajaja- suelta David, uno de los del grupo.
- Bueno, que ya os vemos el lunes eh- dice Rubén a la vez que me arrastra hacia la boca de metro de cien metros más allá.
-¿Puedo saber ya a dónde vamos ?
- Que va, es sorpresa.
- Ay, miedo me das.
- Que te va a gustar, en serio.
Después de lo que se me hace una eternidad...
- Ele, nos bajamos en la siguiente.
- Es injusto, no me has dejado ver ni una sola vez por qué parada íbamos, eres malvado.
- Puede, pero tu me adoras igualmente.
- La verdad es que sí, para qué negarlo.
El tren se para y veo un enorme cartel en el que pone '' Ópera'' y me quedo más desconcertada aún. Me encanta esta zona, pero no tengo ni idea de que lo que tiene pensado Rubén.
Al llegar a las escaleras vemos que las eléctricas de subida están en reparación.
- Vaya, que mala pata.- digo
- ¿Échamos una carrera a ver quien llega antes?
- Me vas a ganar segurísimo, pero porque llevo tacones eh, que si no te ganaba seguro.
- Jaja ya claro boba- y me da un beso en el pelo.- he de admitir que cuando se pone cariñoso me mata, pero simplemente sonrío, porque no quiero estropear el momento con algún comentario ñoño.
- Venga vamos, que no son tantas- me coge de la mano y subimos los cientos de escaleras, no sé si eran tantas, pero a mi me lo parecían.
Y al salir de la boca de metro atravesamos toda la calle Requena, caminamos de la mano, como una pareja, ahora si creo que lo seamos, y me parece increíble, porque hasta hace un mes, era yo la que miraba a cada pareja que pasaba por la calle y me moría de envidia.
Llegamos a la calle Baibén y avanzamos hacia la plaza entre la catedral de la Almudena y el Palacio Real, un violinista estaba interpretando la canción más famosa de Titanic, My heart will go on, y el cielo era un abanico de tonalidades desde el salmón al rojo intenso del atardecer. Y nos paramos allí, uno frente al otro, y todo era tan precioso y perfecto que noté como se me humedecían los ojos, y ahí entre notas de violín y a la luz del atardecer, me di cuenta de cuánto quería al chico que tenía justo en frente, me di cuenta de que después de todo había un motivo por el que nada había ido bien hasta ahora, simplemente porque me faltaba él.
A si que puse mis manos detrás de su cuello, le bese levemente y le dije:
- Te quiero Rubén, te quiero.- y en ese momento me di cuenta de que nunca se lo había dicho tan sinceramente, y me dio miedo haberla cagado, pero él miró hacía otro lado intentando no emocionarse y me susurro:
- Yo también te quiero pequeña.
Y de pronto éramos la mejor película nunca rodada, la mejor pareja de todo Hollywood sin salir de Madrid .Y así paseamos hasta que se nos hizo de noche, yo agarrada a su brazo y él sujetando mi mano, entre violines, envueltos en su música, como jóvenes amantes por las calles de París.
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