miércoles, 12 de agosto de 2015

Capítulo 36.

Como Iván me había dicho que era una quedada en grupo me imaginaba que vendría acompañado, pero para mi sorpresa en el coche solo venía él. Se detuvo frente a mí, eche una última mirada al cielo preguntándome de nuevo en qué momento esto me había parecido una buena idea y me introduje en el coche.

-¡Vaya qué guapa!- me saluda sonriente Iván. No puedo evitar una carcajada nada más oírle, este chico es de lo que no hay.
-Tú siempre igual eh- respondo igual de sonriente. Él se ríe y después se hace un silencio que a mí me parece eterno.- Bueno, ¿y dónde vamos?
-Ah sorpresa, ya lo verás.                       
-No me vengas con esas anda, dime a dónde vamos.
-Enseguida estamos de verdad
.
Aparcamos en una calle por la que no recuerdo haber pasado antes. Iván me sonríe al ver mi cara de confusión, para el motor del coche y se baja de este. Me dispongo a hacer lo mismo pero no consigo desabrochar el cinturón de seguridad, ¿por qué habré nacido tan torpe? Iván ya ha rodeado el coche y me abre la puerta, se supone que en este momento yo debería salir elegantemente del coche, pero sigo peleando con el cinturón. Afortunadamente Iván se da cuenta de que me encuentro en un aprieto y sonriente como es tan característico de él me dice- Anda, deja que te ayude.- Se inclina ligeramente sobre mí y puedo oler su perfume, huele realmente bien, por un momento me quedo atontada ante la idea de tenerle tan cerca, creo que hasta se me acelera el pulso.

-Bueno, pues ya está. Problema solucionado.- dice mientras me tiende la mano para ayudarme a bajar del coche.
-Perdona, es que...no sé como puedo ser tan torpe de verdad.
-Venga Ele, que ha sido una tontería, se habrá atascado por lo que sea.
-¿Ele?- pregunto sin poder evitarlo me ha recordado a Rubén, ha sido como una punzada en el pecho.
-Perdona, no ha ido a malas si te ha molestado.        
-No, no está bien, solo me ha sorprendido.

Cruzamos un par de calles y giramos a izquierda y derecha, con mi mal sentido de la orientación estoy segura de que no sería capaz de volver al coche. Llegamos al típico bar de gente joven, con una terraza enorme, un par de chicos de una mesa situada en la última mesa de la izquierda nos saludan, supongo que serán los amigos de Iván. Cada uno de ellos saluda a Iván con un extraño choque de manos, después parecen reparar en mi presencia.

-Hola yo soy Rober, encantado. -me saluda un chico algo más alto que yo, moreno, ojos color miel y una camiseta de un grupo que creo no haber escuchado en la vida.
-Y yo Bruno- dice el otro y sonríe tímidamente. No puedo evitar fijarme al instante en sus ojos, son marrón oscuro, casi negros, para la mayoría pasarían prácticamente desapercibidos, pero a mí por alguna extraña razón me atrapan, me sostiene la mirada y creo que pasamos así más tiempo del normal. Me doy cuenta de que me he quedado parada y aún no he respondido. ¿Qué me pasa hoy?

-Ay, encantada.-digo muy sonriente, confiando en qué ni Iván ni Rober se hayan percatado de lo raro que ha sido ese momento.
-Bueno ¿y el resto?- pregunta Iván.
-Estaban esperando a Ana en la parada del bus creo, ahora vendrán, sentaros hombre, no os quedéis ahí de pie.- responde Rober. Por alguna razón Bruno sigue mirándome y yo no puedo evitar mirarle a él, lo que cada vez se me antoja más confuso.
-¿Ana? no sabía que iba a venir.
-Sí, creo que se ha unido al plan en el último momento, ¿no te importa no?
-No, solo es que no sé, da igual.
-¿Quién es Ana?- me atrevo a preguntar en un intento de desviar mi atención de Bruno, sin embargo es él quien responde.
-Pues una amiga nuestra, estuvo con Iván, tuvieron un rollo o algo así no me digas jajaja, pero creía que estabais bien ¿no?- sonrío como una tonta cuando se ríe, de pronto me parece el chico más adorable del planeta, ¿pero qué estoy diciendo? ni siquiera lo conozco.

Siguen un par de minutos comentando sobre la tal Ana, hasta que llega acompañada de dos chicas y otro chico más, nombres a los que apenas presto atención. De pronto me veo rodeada de gente que apenas conozco, que ríen y charlan de temas de los que no tengo la menor idea, y me acuerdo de Rubén otra vez y todos los recuerdos de la noche anterior vienen a mi cabeza como un torbellino, siento como se me forma un nudo en el pecho y me invaden unas tremendas ganas de llorar, miro hacia otro lado, intentando evitar que mis ojos empañados derramen una sola lágrima.

-Voy al servicio un momento. -digo lo  más enteramente que puedo, aunque supongo que nadie se ha percatado del temblor de mi voz, hace ya un rato que nadie repara en mi o al menos eso creo.

Una vez dentro del establecimiento le pregunto al camarero dónde esta el servicio y me dirijo hacia el pequeño cuarto. Cojo un pedazo de papel y limpio como puedo los restos de máscara de pestañas que ahora cubren parte de mis mejillas, mientras observo mi reflejo en el espejo me rindo. Me dejo caer sobre la taza del inodoro y suelto todas las lágrimas que llevo reprimiendo casi ya un día entero. No puedo dejar de pensar en él y no encuentro ningún consuelo, ¿al fin y al cabo la decisión ha sido mía no? pero me siento tan rota y sola que ahora no estoy segura de que esa haya sido la mejor opción.

No sé cuánto tiempo llevo dentro del cuarto de baño, pero decido que es hora de salir. Me lavo la cara e intento sonreír al espejo, fingiendo que estoy bien, que todo está bien. Cuando salgo de este Bruno está apoyado junto a la puerta del servicio para hombres. Le dedico una sonrisa algo forzada, pero parece darse cuenta de que lo es.

-Ey, ¿me quedo aquí esperándote y te vas sin mi?- dice mientras me dedica una sonrisa de oreja a oreja.
-¿Esperándome?- digo algo confusa.
-Sí, te parecerá una chorrada... es que no sé, estaba mirándote y te he visto muy seria, algo triste diría y de pronto te has levantado y has dicho que venías al servicio... y bueno no sé, he visto como intentabas retener las lágrimas y he pensado que a lo mejor necesitabas hablar con alguien.
-Vaya...yo...la verdad es que sí.-digo muy sorprendida y a la vez rendida, parece algo nervioso, cosa que me parece del todo adorable. No sé por qué pero tengo la sensación de que con él no me hace falta fingir que estoy perfectamente, sin darme cuenta he vuelto a derramar otra lágrima.- Duele tanto que ya no lo puedo reprimir.- digo casi en susurro. Bruno no dice nada, solo se acerca a mí y me abraza, dejo que su aroma me invada las fosas nasales y por primera vez en todo el día me siento tranquila, cómo si me hubiese dado un atisbo de esperanza en que voy a seguir adelante. Permanecemos varios minutos abrazados y por extraño que parezca no es nada incómodo a pesar de que nos hemos conocido hace media hora.
-Gracias.-susurro mientras me alejo un poco de él y enjuago las lágrimas que han quedado retenidas al borde de mis ojos. Y le sonrío, y es una de esas sonrisas que son las más bonitas de todas, las sonrisas entre lágrimas, porque sin saber cómo ha conseguido que me sienta un poco mejor y no sé como expresar cuánto se lo agradezco.




No hay comentarios:

Publicar un comentario