Como Iván me había dicho que era una quedada en grupo me
imaginaba que vendría acompañado, pero para mi sorpresa en el coche solo venía
él. Se detuvo frente a mí, eche una última mirada al cielo preguntándome de
nuevo en qué momento esto me había parecido una buena idea y me introduje en el
coche.
-¡Vaya qué guapa!- me saluda sonriente Iván. No puedo evitar
una carcajada nada más oírle, este chico es de lo que no hay.
-Tú siempre igual eh- respondo igual de sonriente. Él se ríe
y después se hace un silencio que a mí me parece eterno.- Bueno, ¿y dónde
vamos?
-Ah sorpresa, ya lo verás.
-No me vengas con esas anda, dime a dónde vamos.
-Enseguida estamos de verdad
.
Aparcamos en una calle por la que no recuerdo haber pasado
antes. Iván me sonríe al ver mi cara de confusión, para el motor del coche y se
baja de este. Me dispongo a hacer lo mismo pero no consigo desabrochar el
cinturón de seguridad, ¿por qué habré nacido tan torpe? Iván ya ha rodeado el
coche y me abre la puerta, se supone que en este momento yo debería salir
elegantemente del coche, pero sigo peleando con el cinturón. Afortunadamente
Iván se da cuenta de que me encuentro en un aprieto y sonriente como es tan
característico de él me dice- Anda, deja que te ayude.- Se inclina ligeramente
sobre mí y puedo oler su perfume, huele realmente bien, por un momento me quedo
atontada ante la idea de tenerle tan cerca, creo que hasta se me acelera el
pulso.
-Bueno, pues ya está. Problema solucionado.- dice mientras
me tiende la mano para ayudarme a bajar del coche.
-Perdona, es que...no sé como puedo ser tan torpe de verdad.
-Venga Ele, que ha sido una tontería, se habrá atascado por
lo que sea.
-¿Ele?- pregunto sin poder evitarlo me ha recordado a Rubén,
ha sido como una punzada en el pecho.
-Perdona, no ha ido a malas si te
ha molestado.
-No, no está bien, solo me ha sorprendido.
Cruzamos un par de calles y giramos a izquierda y derecha,
con mi mal sentido de la orientación estoy segura de que no sería capaz de
volver al coche. Llegamos al típico bar de gente joven, con una terraza enorme,
un par de chicos de una mesa situada en la última mesa de la izquierda nos
saludan, supongo que serán los amigos de Iván. Cada uno de ellos saluda a Iván
con un extraño choque de manos, después parecen reparar en mi presencia.
-Hola yo soy Rober, encantado. -me saluda un chico algo más
alto que yo, moreno, ojos color miel y una camiseta de un grupo que creo no
haber escuchado en la vida.
-Y yo Bruno- dice el otro y sonríe tímidamente. No puedo
evitar fijarme al instante en sus ojos, son marrón oscuro, casi negros, para la
mayoría pasarían prácticamente desapercibidos, pero a mí por alguna extraña
razón me atrapan, me sostiene la mirada y creo que pasamos así más tiempo del
normal. Me doy cuenta de que me he quedado parada y aún no he respondido. ¿Qué
me pasa hoy?
-Ay, encantada.-digo muy sonriente, confiando en qué ni Iván
ni Rober se hayan percatado de lo raro que ha sido ese momento.
-Bueno ¿y el resto?- pregunta Iván.
-Estaban esperando a Ana en la parada del bus creo, ahora
vendrán, sentaros hombre, no os quedéis ahí de pie.- responde Rober. Por alguna
razón Bruno sigue mirándome y yo no puedo evitar mirarle a él, lo que cada vez
se me antoja más confuso.
-¿Ana? no sabía que iba a venir.
-Sí, creo que se ha unido al plan en el último momento, ¿no
te importa no?
-No, solo es que no sé, da igual.
-¿Quién es Ana?- me atrevo a preguntar en un intento de
desviar mi atención de Bruno, sin embargo es él quien responde.
-Pues una amiga nuestra, estuvo con Iván, tuvieron un
rollo o algo así no me digas jajaja, pero creía que estabais bien ¿no?- sonrío
como una tonta cuando se ríe, de pronto me parece el chico más adorable del
planeta, ¿pero qué estoy
diciendo? ni siquiera lo conozco.
Siguen un par de minutos comentando sobre la tal Ana, hasta
que llega acompañada de dos chicas y otro chico más, nombres a los que apenas
presto atención. De pronto me veo rodeada de gente que apenas conozco, que ríen
y charlan de temas de los que no tengo la menor idea, y me acuerdo de Rubén
otra vez y todos los recuerdos de la noche anterior vienen a mi cabeza como un
torbellino, siento como se me forma un nudo en el pecho y me invaden unas
tremendas ganas de llorar, miro hacia otro lado, intentando evitar que mis ojos
empañados derramen una sola lágrima.
-Voy al servicio un momento. -digo lo más enteramente que puedo, aunque supongo que
nadie se ha percatado del temblor de mi voz, hace ya un rato que nadie repara
en mi o al menos eso creo.
Una vez dentro del establecimiento le pregunto al camarero
dónde esta el servicio y me dirijo hacia el pequeño cuarto. Cojo un pedazo de
papel y limpio como puedo los restos de máscara de pestañas que ahora cubren
parte de mis mejillas, mientras observo mi reflejo en el espejo me rindo. Me
dejo caer sobre la taza del inodoro y suelto todas las lágrimas que llevo
reprimiendo casi ya un día entero. No puedo dejar de pensar en él y no
encuentro ningún consuelo, ¿al fin y al cabo la decisión ha sido mía no? pero
me siento tan rota y sola que ahora no estoy segura de que esa haya sido la mejor
opción.
No sé cuánto tiempo llevo dentro del cuarto de baño, pero
decido que es hora de salir. Me lavo la cara e intento sonreír al espejo,
fingiendo que estoy bien, que todo está bien. Cuando salgo de este Bruno está
apoyado junto a la puerta del servicio para hombres. Le dedico una sonrisa algo
forzada, pero parece darse cuenta de que lo es.
-Ey, ¿me quedo aquí esperándote y te vas sin mi?- dice
mientras me dedica una sonrisa de oreja a oreja.
-¿Esperándome?- digo algo confusa.
-Sí, te parecerá una chorrada... es que no sé, estaba mirándote
y te he visto muy seria, algo triste diría y de pronto te has levantado y has
dicho que venías al servicio... y bueno no sé, he visto como intentabas retener
las lágrimas y he pensado que a lo mejor necesitabas hablar con alguien.
-Vaya...yo...la verdad es que sí.-digo muy sorprendida y a
la vez rendida, parece algo nervioso, cosa que me parece del todo adorable. No
sé por qué pero tengo la sensación de que con él no me hace falta fingir que
estoy perfectamente, sin darme cuenta he vuelto a derramar otra lágrima.- Duele
tanto que ya no lo puedo reprimir.- digo casi en susurro. Bruno no dice nada,
solo se acerca a mí y me abraza, dejo que su aroma me invada las fosas nasales
y por primera vez en todo el día me siento tranquila, cómo si me hubiese dado
un atisbo de esperanza en que voy a seguir adelante. Permanecemos varios
minutos abrazados y por extraño que parezca no es nada incómodo a pesar de que
nos hemos conocido hace media hora.
-Gracias.-susurro mientras me alejo un poco de él y enjuago
las lágrimas que han quedado retenidas al borde de mis ojos. Y le sonrío, y es
una de esas sonrisas que son las más bonitas de todas, las sonrisas entre
lágrimas, porque sin saber cómo ha conseguido que me sienta un poco mejor y no
sé como expresar cuánto se lo agradezco.
No hay comentarios:
Publicar un comentario