jueves, 1 de septiembre de 2016

Capítulo 46.

He pasado 365 días del calendario sin volver a escuchar su voz.

Sí, puedo confirmar que segundo bachillerato ha sido algo así como nadar sin avanzar viendo cada vez más lejos la costa a cada día que pasaba y aunque no sé muy bien cómo, he sobrevivido. Libre, por fin, y a pesar de que algunos exámenes no salieron como me gustaría ni he conseguido la mejor media de cara a la universidad voy a disfrutar estos días en Mallorca al máximo.

Estructuro mentalmente posibles conjuntos y poco a poco voy dando por finalizada la maleta, al tiempo que tengo la típica charla melancólica con Sara preguntándonos en qué momento nos hemos hecho tan mayores, pero aquí estamos, con 18 años a tan solo horas de subir al avión.

A la mañana siguiente la adrenalina que me invade el cuerpo hace que me cueste mucho menos que de costumbre desperezarme, en media hora estoy lista y me dirijo al aeropuerto maleta en mano, prometiéndome a mí misma que voy a disfrutar cada segundo sin pensar demasiado.

Después de un vuelo de locura, nos instalamos en el apartamento, casi a pie de playa y sin pensárnoslo demasiado, decidimos ir a dar un paseo por el paseo marítimo y picar algo por allí antes de arreglarnos para irnos de fiesta e inaugurar como se merece nuestro primer viaje juntas.

365 días sin ver Madrid.

No sé si soy yo o este curso ha pasado a velocidad de locos, los meses se han pasado sin que apenas me diese cuenta liado entre apuntes, fiestas y el caos que acostumbra a alojarse en mi cabeza. Pero el curso se ha acabado, por fin y me encuentro a mí mismo añadiendo las últimas cosas a mi maleta, porque en tan solo unas horas me voy a reunir con mis amigos de toda la vida en el aeropuerto. Y cómo no tengo una duda alojada en mi cabeza desde hace días, me pregunto si Elena también irá con ellos, si coincidiremos en el hotel o incluso en el aeropuerto de Madrid nada más poner un pie allí, creo que no estaría preparado para eso, y os diréis 'tío, dile a algún amigo que pregunte y ya está' pero mi orgullo propio no me permite hacer eso, sería confirmar lo que llevo intentando negarme a mí mismo desde hace tiempo, que por más que haya pasado un año, no he conseguido sacarme a Elena de la cabeza.

Por suerte (o por desgracia) no me llevo ninguna sorpresa al llegar a Madrid y después de un largo trayecto desde Galicia me reuno con los amigos que tanto he echado de menos. Una vez allí, tras el vuelo apenas tardamos unos minutos en instalarnos y salimos del hotel dispuestos a pasar una gran noche, como las de antes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario