viernes, 4 de septiembre de 2015

Capítulo 38.

Rubén.

A la mañana siguiente me duele un poco la cabeza y estoy algo mareado, tengo los nudillos en carne viva y un intenso dolor alojado en mi pecho que me hace pensar en Elena nada más abrir los ojos.
Toda la noche ha sido una sucesión de pesadillas en las que perdía a Elena, de mil formas diferentes cada cuál más confusa. Bueno, eso cuando conseguí dormirme, porque pasé lo que me parecieron mil horas observando el techo de mi habitación intentando encontrar una solución a todo este embrollo. Sin embargo no fui capaz de hacerlo, quizás ella tiene razón y sea mejor dejarlo así antes de que vaya a más y luego nos haga más daño, sinceramente no sé que estoy diciendo, ni de que me estoy intentando convencer,  si estoy seguro que no me puede doler más de lo que duele ahora.

Quiero hacerla cambiar de opinión, me muero de ganas de salir ahí a buscarla, y convencerla de que todo va a salir bien, pero no la puedo prometer eso, porque ni yo tengo idea de cómo podría salir. "Las relaciones a distancia nunca funcionan" me repite mi cabeza una y otra vez, y a pesar de que intento no hacerla caso y seguir creyendo que esta vez puede salir bien, está empezando a hacer mella en mí.

Finalmente decido que no pierdo nada por intentar hablar con ella, por lo que tras varios minutos observando su última conexión y su foto de perfil en la que aún salimos juntos, comienzo a escribir. Comienzo y borro el mensaje varias veces ya que no me convence, no consigo encontrar las palabras adecuadas, ¿hay palabras adecuadas? Tras intentarlo unas veinte veces me rindo y tiro el móvil a la cama, prometiéndome a mí mismo que esta noche tendré más valor y la escribiré.

Elena.

Tras hablar un largo rato con Bruno, le pido que se disculpe por mí a Iván, que le diga que me encontraba mal, porque realmente necesito irme a casa a pensar. Busco en google la boca de metro más cercana y me dirijo a ella, tras algo más de veinte minutos estoy en casa, completamente sola, ya que mis padres aún no han vuelto de la comida y tengo la sensación de que las paredes se me vienen encima, de pronto me siento tremendamente sola y asustada, como una niña pequeña. Me acurruco en mi cama intentando no volver a llorar, pero no lo consigo. Nunca me había dolido tanto perder a alguien, hasta noto una presión extraña en el pecho, como si Rubén hubiese dejado un vacío, pero es imposible sentir dolor físico por la pérdida de alguien ¿no?, desde luego hasta ayer lo habría afirmado.

Cuanto más pienso en las palabras de Bruno menos convencida estoy de que la decisión que tome ayer fuera la correcta, ¿de verdad voy a renunciar a aprovechar cada segundo de los próximos tres meses para estar con él simplemente porque no encontraba la manera de decirme que se iba?

Cuando estoy apunto de perder el norte de tanto darle vueltas una y otra vez a la misma pregunta me sorprende el sonido característico del Whatsapp, lo primero que pienso es que no me apetece hablar con nadie, pero luego se me pasa por la cabeza la idea de que podría ser Rubén, hasta ese momento no me había dado cuenta de que era lo que llevaba esperando todo el día, así que me levanto de la cama lo más rápido que puedo y me abalanzo sobre mi pequeño bolso en busca de mi teléfono. Consigo desbloquear la pantalla al tercer intento ya que estoy tan nerviosa que me tiemblan las manos y me invento el patrón. Deslizo con cuidado la barra superior y se me salta una lágrima al comprobar que el Whatsapp que acabo de recibir si es de él.

-Ele, sé que probablemente no quieras saber nada de mí, pero te echo tanto de menos que este extraño dolor en el pecho me esta matando y bueno, sé que suena estúpido, pero creo que lo que duele es el vacío que has dejado. O quizás solo me estoy volviendo loco de darle tantas vueltas a todo, pero de lo que estoy seguro es de que te necesito, más de lo que nunca he necesitado a nadie.

Cuando termino de leer el mensaje soy un auténtico mar de lágrimas, de pronto me dan igual las consecuencias, mis miedos, y lo único que quiero es refugiarme entre sus brazos y que me diga que todo va a estar bien.

-Cielo, la verdad es que no creo que estés loco, y si lo estás yo debo estarlo también, porque me lleva pasando todo el día exactamente lo mismo. Estoy segura de que acabaré arrepintiéndome de esto, pero ahora me da igual, creo que ya no sé estar sin ti.

-Dime que puedo ir ahora mismo hasta tu casa para abrazarte.

-Es justo lo que necesito en este momento.

-Pues.. sé que te gustaría que me teletransportase o que fuese tan rápido como Flash, pero sigo siendo un humano corriente así que calculo que en unos treinta y cinco minutos estoy en tu casa si el metro está de nuestra parte.

-¿De verdad vas a venir? son casi las diez de la noche.

-¿Lo dudabas a caso? te prometí que donde fuera, cuando fuera y por lo que fuera estaría ahí y este es un buen momento para demostrarlo.

-Te quiero.- Es lo último que escribo antes de tirar el móvil sobre la cama y sonreír como una tonta. Me siento cómo una suicida al borde de un precipicio, pero caer al vacío no me parece tan mala opción si es con él.


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