viernes, 11 de septiembre de 2015

Capítulo 39.

Mientras espero a Rubén hecha un manojo de nervios mis padres me llaman para contarme que se han encontrado a unos amigos que no veían desde hace tiempo y se van a quedar tomando algo con ellos, por lo que llegarán tarde a casa.

Me siento en el sofá del salón, observando impaciente el reloj, deseando que los minutos pasen más deprisa porque estoy deseando que llegue. Cuando después de lo que me parece una eternidad suena el timbre no puedo contener mi emoción y salgo disparada a abrir la puerta. Y ahí está él, tan guapo como siempre, con su infalible sudadera gris y sus vaqueros favoritos, nada más verle me repito a mí misma que esto no puede ser un error si me hace tan feliz y me dejo envolver por sus robustos brazos,  donde por primera vez en el día, siento que es mi sitio. Tras unos minutos abrazados, cojo su mano con delicadeza y le arrastro al interior del piso, cierro la puerta con cuidado y observo cada detalle de su pelo, de su cara, como si necesitase guardar cada milímetro de su cuerpo en mi memoria.

Comienzo caminar hacia mi habitación, él me sigue como si conociese el camino de memoria a pesar de que es la primera vez que le enseño mi pequeño rincón. No sé por qué, pero me pongo algo nerviosa cuando entra la habitación, reparo en las dos muñecas que siguen descansando en la estantería a pesar de que hace años que no uso, y en el poster de aquel grupo que tanto escuchaba cuando tenía doce años y se me pasa la cabeza la idea de que va a pensar que soy una niña pequeña, como si él no me conociese ya de sobra.

No sé muy bien que decir, tengo miedo de decir algo que pueda aumentar las grietas que se han formado en nuestra relación. Mientras intento buscar un posible tema de conversación, Rubén me acerca hacia él con delicadeza, acaricia mi mejilla y me besa como si llevase años queriendo hacerlo, como si realmente lo necesitara, y me doy cuenta de que no hacen falta palabras, que lo que sentimos el uno por el otro, las miradas, las caricias y los besos hablan por si solos.

Nos besamos con más ansia que nunca, como si necesitásemos del otro para respirar, y puede que eso sea un poco exagerado, pero en parte es así. Por un momento dejo la mente en blanco y dejo de pensar, simplemente me dejo llevar hasta tal punto que las prendas de ropa que nos separan parecen un mero estorbo y me abandono en su abrazo, y me enredo en sus besos.

A la mañana siguiente lo primero que veo al despertarme es la melena despeinada de Rubén, y su rostro dormido, que le da un aspecto hasta de ser vulnerable, a pesar de ser una de las personas más fuertes que he conocido. Mi pompa de jabón se explota en cuanto caigo en la cuenta de que mis padres están en casa, porque es domingo, y deseo con todas mis fuerzas que sigan dormidos. No quiero interrumpir el sueño de Rubén, pero tiene que irse antes de que mis padres se percaten de que ha dormido aquí.

Acaricio su mejilla con cuidado y deslizo mis manos hasta su nuca.
-Siempre tienes las manos heladas.-dice mientras sonríe aún con los ojos cerrados y no puedo evitar darle un corto beso en los labios al ver esa faceta suya tan tierna, lo que consigue hacer que abra los ojos.
-Buenos días cielo.- susurro muy sonriente.
-Buenos días princesa. -me dice con la mera intención de picarme.
-Venga, no me vengas con esas, eres un moñas.
-¿Que soy un qué?- pregunta mientras empieza a hacerme cosquillas por todo el cuerpo.- Retira lo dicho- me amenaza dispuesto a seguir con su pequeña tortura.
-Está bien, eres adorable.-confieso.
-¿Ves? mucho mejor.- dice antes de besarme de nuevo.

Consigo zafarme de su abrazo y me visto con la primera camiseta y los primeros pantalones que encuentro.
-Vamos, date prisa, o mis padres van a oírnos.-susurro.
-Está bien, está bien.- se queja mientras remolonea un poco más en la cama y me observa fijamente.
-¿Qué miras?- pregunto algo avergonzada.
-A ti boba.
-Pues no mires tanto que no es de buena educación.
-Tampoco voy a ver nada que no viese ayer ¿no?- me pregunta al tiempo que sonríe con picardía.
-En serio, cállate que nos van oír.- le regaño al tiempo que le tiro un cojín a la cabeza.

Cuando al fin consigo que Rubén se vista, me asomo al pasillo para comprobar que mis padres siguen dormidos, y nos dirigimos hacia la entrada de la casa. Por desgracia mientras Rubén recoge su chaqueta del salón mi madre algo somnolienta aparece por el pasillo.
-Hola Mamá.- digo algo nerviosa ya que no sé como voy a salir de esta.
-Buenos días cariño. ¿Este es?
-Rubén..es Rubén.- digo mientras le miro angustiada.
-Pe...Perdón por molestarlas tan pronto, es que tenía que darle unos apuntes a Elena que ella necesitaba este fin de semana, así que he pensado que cuánto antes los tuviera mejor.-comienza a decir Rubén antes de que yo pueda pensar algo más convincente.
-Oh, no te preocupes si son las diez y media de la mañana, no es tan temprano no te preocupes, yo a estas horas suelo estar levantada de sobra pero ayer trasnochamos y claro, pasa factura. -comienza a contarle mi madre a Rubén mientras el pobre asiente y sonríe tan correcto como siempre.
-Bueno mamá creo que Rubén se tenía que ir ya, que tenía un partido o algo así ¿no?- interrumpo su conversación.
-Sí, si, la verdad es que tendría que irme a buscar la equipación ya.
-¿Seguro que no quieres quedarte a tomar nada?- insiste mi madre.
-No, no de verdad, me tengo que ir ya.- responde él.
-Está bien, pero espero que te quedes otro día.
-Sí, no se preocupe.

Decido sacar a Rubén de la situación incómoda en la que le ha metido mi madre y le acompaño hasta la puerta.
-Creo que ha colado. -susurro mientras le abrazo a modo de despedida.
-Yo también lo creo.-me dice él y se aleja por las escaleras abajo.










No hay comentarios:

Publicar un comentario