Tras sobrevivir a la que se me tornó interminable época de exámenes y ser por fin libre, me topé con la realidad y fue un duro golpe. Había vivido tantos días apurada entre exámenes, con mi cabeza puesta en fechas de entrega de trabajos, tareas pendientes y otros quehaceres varios que apenas había pensado en el hecho de que nos estábamos acercando vertiginosamente a junio, lo que significaba que solo me quedaban unas semanas más para disfrutar de tener a Rubén a mi lado.
La idea de pensar que se veía obligado a irse era una tortura, una pesadilla que se repetía una y otra vez en mi cabeza y en la que no tenía la necesidad de pellizcarme para comprobar que estaba despierta, porque dolía demasiado como para ser un simple sueño.
Avanzo despistada por el pasillo perdida en mis pensamientos cuando noto como me abrazan por la espalda. Sonrío ampliamente sabiendo que sin duda se trata de mi chico de ojos verdes.
-Buenas.-saluda mientras me dedica una de sus maravillosas sonrisas y me da un corto beso.
-Estás muy sonriente hoy. -afirmo con otra sonrisa de oreja a oreja a modo de respuesta.
-Es que hoy tenemos planes.
-¿Ah sí?- pregunto algo confusa.
-Sí, pero es una sorpresa.
-¿Una sorpresa?
-Sí boba, ¿alguna vez has ido a una exposición de fotografía?- dice al tiempo que ríe al ver mi emoción de niña pequeña ante el plan.
-No, la verdad es que no, pero siempre he querido hacerlo.
-Pues este es tu día.
-Gracias.-le sonrío y le abrazo fuertemente, hundiendo mi pelo entre sus brazos. Definitivamente no sé que va a ser de mí cuando se vaya.
-Si te parece bien paso a por ti, a las seis o así.
-Me parece genial.- afirmo, y nos despedimos con una gran sonrisa iluminándonos la cara.
Tras escapar del que viene siendo típico interrogatorio que mi madre se dispone a hacerle a Rubén nada más verle, nos dirigimos a la boca de metro más cercana a mi casa. En el camino no puedo evitar sonreír ante la idea de que somos ese tipo de pareja a las que antes fingía odiar por la envidia que me daban. Después de unas cuantas estaciones, llegamos a nuestro destino. Me dejo guiar por Rubén a través de calles y callejuelas por las que nunca antes había pasado, más emocionada aún a cada paso que daba con mi mano enlazada a la suya.
Nada más entrar a la sala que daba paso a la exposición, me sorprende el título de esta, "Lo que antes conocíamos por amor". Las paredes de cada una de las pequeñas estancias estaban repletas de fotografías que plasmaban pequeños detalles del día a día, ese era el gran mensaje de la exposición. Había miradas cómplices que hablaban por sí solas, ancianos sonriendo tras la caricia de un niño, un abrazo entre amigos que parecía la salvación ante el desastre para cada uno de ellos. Todas pertenecían a mediados del SXX, dónde las muestras de amor eran más delicadas aunque quizás más sinceras.
-¿Por qué escogiste esta exposición?- le pregunto a Rubén mientras observamos una fotografía de un hombre escribiendo lo que parece una carta de amor.
-Porque el centro son los pequeños detalles, y me recordó a tí.
-¿A mí?
-Sí, siempre tienes una palabra, una sonrisa, un abrazo e incluso eres capaz de calarme con una sola mirada y joder, no sabes lo bonito que es eso.
Tras escuchar esa última frase no puedo evitar que me invada el miedo a perderle de nuevo, me había prometido a mí misma que hoy estaría bien por él, pero no lo he conseguido. Intento tranquilizarme, pero pequeñas lágrimas empiezan a deslizarse por mi cara sin control alguno.
-Ey, Elena cielo no llores.- dice mientras me da cobijo entre sus brazos.- Yo también estoy asustado y no tengo ni idea de cómo lo vamos a hacer, pero vamos a estar bien ¿vale? Nos queremos el uno al otro y por el momento eso es lo único que importa.
Me despego un poco de su pecho e intento sonreír al tiempo que interrumpo el rumbo de las gotas que aún caen por mi rostro.
-Luego dices de mí, pero has sabido que me pasaba sin si quiera preguntar.
-Bueno, creo que a estas alturas nos conocemos un poquito.- dice al tiempo que vuelve a estrecharme entre sus brazos de nuevo.
-Un poquito.-susurro con una sonrisa en los labios.
-Venga, ¿qué te parece si vamos a tomar un café?
-Siempre es un buen momento para tomar un café.- contesto sonriente, algo más tranquila.
Salimos a la calle en busca de un establecimiento en el que sentarnos un rato cuándo nos cruzamos con un chico que me suena bastante.
-¡Elena! ¿Cómo tú por aquí?
-¿Iván? Pues ya ves, dando una vuelta.-digo algo nerviosa de repente, Rubén parece notarlo y me observa con cara cofundida.
-Bueno, pues me alegro de verte. Me voy, que tengo prisa, ya quedamos otro día ¿vale?
-¿Ese no es el chico que conociste porque estaba paseando a su perro el día que empezamos a salir?
-Eh.. sí, es él.
-¿Y os habéis vuelto a ver?
Creo que el color de mi cara cambia al escuchar esa pregunta, aunque no pasara nada, quedé con él y sus amigos a los que no conocía de nada, y claramente Iván si estaba interesado en que algo surgiera.
-Sí, nos vimos otro día. Pero casi nada.- contesto, me digo a mí misma que en realidad no estoy mintiendo, pasé la tarde hablando con Bruno de él.
-Vale, vale no pasa nada, era simple curiosidad.
Al escuchar su respuesta me siento estúpida por pensar que se iba a formar un malentendido o que se iba a enfadar, cuando sé de sobra que él no es de ese tipo de chicos.
-¿Vamos a por nuestro café entonces?
-Claro. -sonríe.
No hay comentarios:
Publicar un comentario